Byrne, la permanente revolución sonora

Via La Nueva España

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A David Byrne hay que sumarle siempre la parte visual, y cierta sorpresa: hubo más «Talking Heads» de lo esperado, aunque hubo momentos que también dejó el peculiar sello de sus últimas canciones con Brian Eno. Por ejemplo asomó el show de las sillas (bendito, YouTube que vale para adelantar estas cosas) con «Life is long»; y una decorada «Poor Boy» con alto protagonismo de las percusiones.

Pero Byrne ya había comenzado a sorprender con una puesta en escena que no hace más que certificar su capacidad para mover ficha en el mundo de la escena y llevar el rock a otros lugares. O mejor, viajar por las músicas del mundo, que es también marca de la casa.

Así conquistó a los fieles (la entrada fue discreta) que asistieron ayer al auditorio de Oviedo a ver su concierto.

Pero es evidente que, cuando asomaron las canciones de su legendaria banda, una sombra siempre pegada al autor, el público entró en ebullición. Así que rápido salió «I zimbra», que ya calentó el ambiente muy al principio de la sesión. Pocos minutos antes, Byrne había relatado telegráficamente su última experiencia con Brian Eno.

Pero el mundo «Talking» prosiguió y salió a escena «Houses in motion», del celebrado «Remain in light» o «Once in a lifetime», por citar algunas.

Para entonces ya había plasmado íntegramente su aportación escénica: todos de blanco y bailes y bailes sin parar con ambiente robótico, futuristas y, desde luego, mostrando una gran forma física por parte suya y de los demás. Será por eso que el cantante, horas antes de subir a escena, visitó la ciudad. Y no de cualquier manera: llegó al hotel y rápido montó en bicicleta, hasta que salió de la zona urbana para pedalear un buen rato.

Y, claro ante tanta y tan buena forma física y tanto éxito de los «Talking Heads» es difícil no ir adueñándose del público. Súmese todo ese elenco de sonidos y efectos que acompaña cada canción, su inimitable voz y, algunas muestra de su manejo guitarrístico.

De ese viejo mundo siguieron cayendo piezas, como «Heaven»; y un momento en el que la peña se puso en pie para hacer palmas y celebrar la fiesta: «Crosseyed and painless». Y así hasta el primer bis en el que rememoró «Take me to the river», el gran clásico de Al Green. Y para no abandonar sus momentos de toda la vida, en la despedida salió a escena «Burning down the house». Y no lo hizo de cualquier manera. Guitarra de corte más acústico en mano y todo el personal de escena apareció con su tutú dando el último toque visual a un show que dejó muy satisfechos a los amantes del mundo Byrne.

December Radio David Byrne Presents: Arabia

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