David Byrne refresca las esencias del pop-rock en el nuevo milenio

Via La Vanguardia

By Esteban Linés

David Byrne regresó a los escenarios barceloneses. En esta ocasión, en uno de los coliseos serios, el Palau de convocado por el Festival de Guitarra i altres Acords. El billetaje estaba vendido hacía fechas y el público era no menor de veinte años y sí mayoritario en torno a la franja de los 40-50. Nada nuevo ni sorprendente, al fin y al cabo el fundador de los Talking Heads peina unas hermosas canas muy atléticas a los 56 años.

No defraudó ni un ápice la visita de este portentoso artista; todo lo contrario, su concierto en la sala será de los que perdurarán en la memoria, la retina y la vista.

Más allá de una puesta en escena simpática pero muy elaborada - todo el combo instrumental, los tres coristas y tres formidables bailarines, vestidos de blanco; un Byrne realmente extravertido como no se le recordaba desde los tiempos de Stop making sense-,la propuesta musical de la noche fue irrepetible. Él y Brian Eno hace unos meses que editaron un disco (Everything that happens will happen today)con el que reanudaban una colaboración discográfica larvada hace 27 años. Amén de ello, Eno produjo acaso tres de los discos más significativos de adictiva carrera de los Talking Heads. Pues bien, anoche, Byrne, repleto de facultades vocales, se enfrentó con un repertorio que no solía soltar en el directo desde hacía años. Y, vaya, aquello fue para morirse. Especialmente cuando atacó material de aquellos tres añejos álbumes (More songs about buildings and food, Fear of music y, o la lá, Remain in light),añejos pero tan modernos, tan bien releidos.

Un grupo básico, elegante y discreto, formado por bajo, batería, percusión y teclados daba la cobertura al autor de Burnin down the house, que se enfrentó solo con su guitarra - depurado especialista confirmó serlo anoche; ya con el punteo rockero, con el raspado sucio o con el acompañamiento sandunguero-y su voz a todo tipo de desafíos. No hay duda de que la materia prima permitió la voluta artística. Sus últimos discos han sido simples caballos trotones; lo de anoche era un derby en toda regla y lo ganó con infinitos cuerpos de ventaja. Se atrevió con un repertorio difícil por no practicado, pero que fue el que levantó a la camada ansiosa de sus asientos. Procuró cambiar los arreglos de los temas de su nuevo disco - las composiciones que dejaron al público más bien tranquilito-para dotarles de mayor punch eléctrico, y, en fin, no se le cayeron los anillos al convertirse por unos largos minutos en un ídolo reverenciado. Porque no todas las noche el Palau deviene pista de baile, ahora a los sones de Crosseyed& Painless-Natalie, LDW,Burning down the house, o con una irrepetible versión de Houses in motion.

¡Oe, oe, oe, oe!
By Francesc Peirón, La Vanguardia, 25 April 2009

Ni Doménech i Muntaner se habría resistido a hacer palmas si hubiera llegado anoche a la cita en su Palau de la Música. ¡Qué tipo este David Byrne!, confirmación viviente de que la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Byrne irrumpió, ante la impaciencia del público, con 20 minutos de retraso. Lo hizo con calma, sin prisa. Vestido de blanco, a juego con su cabellera, entró en escena con los brazos hacia atrás, en esa posición que adoptan los viejos del pueblo para comentar el devenir de las circunstancias. Él imitó esa actitud al ironizar por la irrupción de todo tipo de cámaras digitales o móviles que retratan. Es una batalla perdida. "Pueden mandar mensajes con su teléfono o envíar emails", bromeó. A partir de ahí, pocas palabras y mucho ritmo. El respetable se fue poniendo a tono con el nuevo proyecto que este artista ha realizado con otro histórico, Brian Eno. En progresión, el concierto se rompió cuando Byrne recuperó su herencia, sus Talkings Heads. Desde el segundo piso, mirar hacia el escenario era como recuperar la película que sobre esta banda realizó Jonathan Demme. El respetable se liberó, dejó de estar atado por el sentido de la responsabilidad. La vecina de la fila dos, asiento tres, una mujer con aspecto de directiva bancaria, se desmelenó. Silbaba como un camionero. Byrne puso a arder la casa entre gritos de oe oe oe.

December Radio David Byrne Presents: Arabia

More Info